Cada espada de hinojo es obra del Benandante que la empuña, y cada una de ellas contiene un fragmento del amnios de su forjador. Al igual que los talismanes, las espadas de hinojo no son intercambiables. La mayoría de los místicos eligen ser enterrados junto a sus armas. Pese a su nombre, la forma de las espadas de hinojo recuerda más bien a la de una larga varita. El término de espada obedece a que algunos místicos afilaban o sacaban punta a sus varitas (o ambas cosas). Estos artefactos no son ni más ni menos efectivos debido a estas modificaciones.
Para el profano en la materia, las espadas de hinojo parecerán simples elementos decorativos de hierro forjado. Su componente real es el ferro spettrale (hierro fantasma) que prepara el Benandante con hierro e hinojo fertilizado con parte de su propio amnios. El proceso resultante exige que cada espada deba ser creada dos veces: una en el reino de los muertos y otra en el de los vivos. En las tierras de los muertos, el místico forja y bautiza su espada, antes de enfriarla en un agujero infernal... un orificio que se abre a las entrañas del Inframundo.
La espada terminada es una exterminadora de fantasmas. Su toque puede exorcizar a la mayoría de los poseedores de sus huéspedes y herir incluso a los espíritus incorpóreos como si los cortara. Mientras un Benandante sostenga su espada o sencillamente la lleve envainada, será inmune a la posesión fantasmal. Nótese, sin embargo, que los poderes espirituales que no requieran contacto fantasmal con un objetivo, como los espejismos y la alteración de los recuerdos, son inmunes a la protección que confiere la espada de hinojo.
La llegada de la tormenta infernal ha obligado a los místicos que se enfrentan con frecuencia a los muertos vivientes —y no a espíritus incorpóreos— a replantearse sus técnicas de lucha. La fragilidad inherente al ferro spettrale no resulta adecuada para la lucha con espadas. Algunos Benandanti practican movimientos de esgrima, otros estudian artes marciales orientales como el bojutsu para dominar el impacto contra objetivos sólidos sin dañar sus armas. A efectos de juego, asume que cualquier fracaso relativo a una espada de hinojo romperá el objeto. El propietario de la espada pierde tres puntos de Fuerza de Voluntad. Las consecuencias desalentadoras de esta pérdida implican que muchos místicos huirán de los muertos vivientes si les es posible.
Sistema: En cualquier enfrentamiento con los muertos errantes en forma física (los Narradores tal vez deseen añadir los vampiros a esta categoría), cada contacto con una espada de hinojo (Destreza + Armas Cuerpo a Cuerpo) inflige Fuerza +2 de daño (letal, o agravado si utilizas la Guía del Narrador de Cazador). Exorcizar a un poseedor de un huésped humano o animal suele exigir nada más que el Benandante toque al huésped con su espada. El jugador del místico lanzará Fuerza de Voluntad +1 (hasta un máximo de 10) contra una dificultad igual a la Fuerza de Voluntad del fantasma. El poseedor permanecerá lejos del huésped durante una hora por cada éxito. Un fracaso significa que el huésped sufre dos niveles de daño contundente, automáticamente. Nótese que la espada de hinojo no deja marca en los objetivos físicos, a menos que se emplee de tal modo que se rompa en el proceso.Una vez el poseedor haya salido de su huésped (o si ya estaba expuesto desde el principio), se aplicarán las mismas reglas de daño que para los zombis físicos, antes descritas. Los Benandanti y los cazadores que utilicen su segunda visión verán cómo las formas incorpóreas parecen sufrir tajos o incluso disolverse al contacto con una espada de hinojo.





















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