Narrador: Aislacionismo

Antes de que se desatara la tormenta infernal, los Isolatori defendían la filosofía más novedosa y menos respaldada de los Benandanti. El grupo nació a raíz de los remordimientos de un anciano maestro (ya fallecido) cuyo aprendiz —y sobrino— se quedó atrapado fuera de su cuerpo y entró en coma. Como castigo, el torturado anciano se entregó al cuidado de otros viajeros igualmente "extraviados", fundando un hospicio que creció hasta albergar a más de una docena de desventurados. El benefactor intentó convencer además a otros Benandanti de que los peligros que entrañaba la exploración del más allá pesaban más que sus ventajas. Naturalmente, si cualquier otro místico visitaba el hospicio, el maestro disponía de numerosas pruebas visuales que respaldaban su teoría.

Cuando la tormenta infernal se hubo apoderado de las tierras de los muertos, sus letales condiciones redujeron el número de visitas astrales. La adscripción al aislacionismo comenzó a cobrar sentido y su reputación ha crecido en consecuencia.

En la actualidad lidera la facción el antaño "comatoso" Salvatore Ruggiero, que consiguió regresar a su cuerpo transcurrido algún tiempo. Los años que pasó postrado en la cama dejaron tullido a Ruggiero. Camina con la ayuda de dos bastones, y se cuenta entre los escasos supervivientes de la inundación que ha sufrido hace poco el hospicio de su tío. La mayoría de los Benandanti que eran mantenidos con vida en la granja remodelada perecieron en la catastrofe. Tras despertarse y arrastrarse hasta el tejado, Ruggiero vivió para ganarse una reputación de hombre con estrella y una lealtad sin parangón entre sus compañeros místicos.

Cuando se retiraron las aguas, Ruggiero no vio motivos para reabrir el hospicio. Hacerlo, decía, no conseguiría sino alentar en los demás Benandanti la clase de temeridad que le había costado la salud y años de su vida. También podía atestiguar hasta qué punto se había vuelto más peligroso el reino fantasmal tras la irrupción de la tormenta infernal, que por razones desconocidas para los demás denomina "Numero sei", o "Número Seis".

En cualquiera de las reuniones informales de Benandanti a las que asiste, Ruggiero se señala a sí mismo como ejemplo viviente del precio que se cobra aventurarse en la otra vida. "Y pensad", dice en italiano con su acento lombardo, "en la suerte que tuve yo. Otros como yo ya están muertos".

Ruggiero y sus antiguos ayudantes del hospicio conforman el núcleo de la facción Aislacionista. Además de predicar la repulsa del viaje astral, todos los Isolatori buscan conocimientos arcanos sobre protección y exorcismo. Ruggiero parece estar convencido de que lo peor estará por venir a menos que se consiga apuntalar la muralla que separa a los vivos de los muertos. Los Aislacionistas reconocen que, pese a su reticencia a visitar a los muertos, estos son más capaces y están más dispuestos a visitar a los vivos hoy en día. Por tanto, estos místicos se preparan para repeler las incursiones en masa de fantasmas furiosos.

Los Isolatori recuerdan sobre todo a los miembros del credo Defensor en cuanto a temperamento y en su papel de protectores o vigilantes. Su esfuerzo por descubrir algún remedio contra la sublevación del Ultramundo les confiere además objetivos similares a los de los Visionarios, Jueces y Redentores.

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